El cielo espera con los conflictos resueltos

¿Cuántos cielos existen? ¿Cómo llegar hasta él? ¿Cuál es la llave para entrar en el cielo? Esas son algunas de las preguntas que trata de responder María del Mar Martínez Ruiz en su último libro, La llave para entrar al cielo.

En él, explica en qué consiste su método, el Método Ficuvir, que aúna la física, la cuántica y lo virtual abriendo paso a una conciencia que sirve de guía para reprogramar esos episodios en los que el pasado ha dejado un daño permanente. Gracias a ello, según explica en sus páginas, se reprograma el futuro desde el presente.

“El objetivo es conseguir el descanso del alma. Mucha gente piensa que los hechos traumáticos acaban con la muerte, pero no es así ya que se transmiten de generación en generación. Hay enfermedades que son la respuesta a conflictos no resueltos. De ahí que la terapia con el Método Ficuvir sea tan importante, porque es necesario cerrar el círculo en el tiempo, romper las cuerdas cuánticas que unen el presente con la raíz del conflicto” explica M. del Mar Martínez.

Formada, entre otros sitios, en la Universidad Oneness en Chennai, India, ha buscado siempre ser capaz de reprogramar en los demás esa conciencia colectiva familiar que cada persona acarrea consigo misma.

De hecho, habla de los tres cielos: el primero de ellos en la Tierra, donde hay que lidiar con las consecuencias y las vidas pasadas para, una vez hecha la transición hacia la muerte, no quedarse en el segundo, representado en su libro como el limbo, el lugar de tránsito en el que quedan atrapadas las almas si no han sido capaces de resolver y superar sus hechos traumáticos.

“Hay muchas almas que se quedan ahí hasta que alguien reprograma lo sucedido. Suelen ser familiares que siguen sus vidas acumulando dolencias y fracasos hasta que son conscientes de que necesitan ayuda para poder resolverlo” explica.

Finalmente, el objetivo, es llegar al tercer cielo, el lugar donde todos los deseos se realizan, el paraíso no terrenal, el lugar de descanso y felicidad para el que se necesita esa llave que permita la entrada. Es, en definitiva, poner en orden la energía cuántica del ser humano.

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