Más de 122 millones de personas se suman a las filas del hambre desde 2019, según la ONU

– Afecta a 735 millones debido a la pandemia, la crisis climática y la guerra en Ucrania

MADRID, 12 (SERVIMEDIA)

Alrededor de 735 millones de personas pasan hambre, lo que supone 122 millones más desde 2019 debido a múltiples crisis, como la pandemia de la covid-19, la crisis climática y la guerra en Ucrania.

Así figura en el informe ‘El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo’, publicado este miércoles de forma conjunta por cinco organismos de la ONU: la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

Si las tendencias se mantienen como ahora no se alcanzará el Objetivo de Desarrollo Sostenible de acabar con el hambre en 2030, según advierten esas agencias de Naciones Unidas, que abogan por una transformación de los sistemas agroalimentarios y elaborar políticas que tengan en cuenta la tendencia mundial de la urbanización, ya que se prevé que 7 de cada 10 personas vivirán en ciudades en 2050.

El informe precisa que el hambre afectó el año pasado a entre 691 y 783 millones de personas, con 735 millones de media. Si bien las cifras mundiales de hambre se estancaron entre 2021 y 2022, hay muchos lugares en el mundo que enfrentan crisis alimentarias cada vez más profundas.

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No obstante, se observaron progresos en la reducción del hambre en Asia y América Latina, pero el hambre seguía aumentando en Asia occidental, el Caribe y todas las subregiones de África en 2022. África sigue siendo la región más afectada, pues una de cada cinco personas padecen hambre en el continente, más del doble del promedio mundial.

«Hay rayos de esperanza. Algunas regiones están en camino de alcanzar algunos objetivos de nutrición para 2030. Pero, en general, necesitamos un esfuerzo global intenso e inmediato para rescatar los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Debemos crear resiliencia contra las crisis y las conmociones que impulsan la inseguridad alimentaria, desde los conflictos hasta el clima», señaló el secretario general de la ONU, António Guterres, a través de un mensaje de vídeo durante la presentación del informe en la sede de la ONU en Nueva York (Estados Unidos).

Los jefes de los cinco organismos de las Naciones Unidas indicaron que «se prevé que casi 600 millones de personas seguirán padeciendo hambre en 2030». «Los principales factores de inseguridad alimentaria y malnutrición son la ‘nueva normalidad’ y no tenemos otra opción más que redoblar nuestros esfuerzos para transformar los sistemas agroalimentarios y aprovecharlos para alcanzar las metas», añadieron.

MÁS ALLÁ DEL HAMBRE

La situación de la seguridad alimentaria y la nutrición siguió siendo sombría en 2022. El informe revela que un 29,6% de la población mundial (cerca de 2.400 millones de personas) carecía de acceso constante a los alimentos, medido por la prevalencia de la inseguridad alimentaria moderada o grave. De ellas, alrededor de 900 millones se enfrentaban a una grave inseguridad alimentaria.

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Mientras tanto, la capacidad de las personas para acceder a dietas saludables se ha deteriorado en todo el mundo: más de 3.100 millones den el mundo (un 42%) no pudieron permitirse una dieta saludable en 2021, lo que representa 134 millones más en comparación con 2019.

En cuanto a la infancia, un total de 148 millones de niños menores de cinco años (22,3%) sufrieron retraso en el crecimiento, 45 millones (6,8%) sufrieron emaciación y 37 millones (5,6%) tenían sobrepeso en 2022.

No obstante, el año pasado hubo un progreso en la lactancia materna exclusiva, con un 48% de los bebés menores de seis meses beneficiándose de esta práctica, cerca del objetivo de 2025. Sin embargo, se requerirán esfuerzos más concertados para cumplir con los objetivos de malnutrición para 2030.

URBANIZACIÓN

El informe también analiza el aumento de la urbanización como una «megatendencia» que afecta cómo y qué come la gente. Dado que se prevé que casi 7 de 10 diez personas vivirán en ciudades para 2050, los gobiernos y otras personas que trabajan para combatir el hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición deben tratar de comprender estas tendencias de urbanización y tenerlas en cuenta en su formulación de políticas.

En particular, el simple concepto de división rural y urbana ya no es suficiente para comprender las formas en que la urbanización está dando forma a los sistemas agroalimentarios. El informe aboga por una perspectiva más compleja del binomio rural-urbano teniendo en cuenta tanto el grado de conectividad que tienen las personas como los tipos de conexiones que existen entre las zonas urbanas y rurales.

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Por primera vez, esta evolución se documenta sistemáticamente en 11 países. El informe ilustra que las compras de alimentos son significativas no solo entre los hogares urbanos, sino también en todo el continuo rural-urbano, incluidos los que residen lejos de los centros urbanos. Los nuevos hallazgos también muestran cómo el consumo de alimentos altamente procesados también está aumentando en las áreas periurbanas y rurales de algunos países.

Desafortunadamente, persisten las desigualdades espaciales. La inseguridad alimentaria afecta a más personas que viven en zonas rurales. La inseguridad alimentaria moderada o grave afectó a un 33% de los adultos que viven en zonas rurales y a un 26% en zonas urbanas.

La malnutrición infantil también muestra especificidades urbanas y rurales: la prevalencia del retraso en el crecimiento infantil es mayor en las zonas rurales (35,8%) que en las urbanas (22,4%). La emaciación o delgadez excesiva es mayor en las áreas rurales (10,5%) que en las urbanas (7,7%), mientras que el sobrepeso es ligeramente más frecuente en los lugares urbanos (5,4%) en comparación con los rurales (3,5%).