Beirut, al borde de la insurrección

Manifestaciones como respuesta a la corruptela y gestión del gobierno libanés como detonante, por desgracia nunca mejor dicho, de las explosiones del pasado martes.

Esa es la estampa de las calles del Líbano tras contar con hasta 137 fallecidos y miles de heridos que sufrieron las consecuencias directas de las dos explosiones (se habla de que la segunda llegó a sentirse desde la vecina isla de Chipre) y que han dejado sin vivienda a más de 300.000 personas por las consecuencias de la detonación.

2.750 toneladas de nitrato de amonio, almacenadas de forma insegura en la zona del puerto y que aún hoy sigue sin explicarse que estuviera ahí, pusieron de nuevo en jaque su economía ya que era la puerta de acceso a alimentos que, en su mayoría, eran importados. A eso se suma que también saltó por los aires un almacén de grano que se encontraba localizado en las inmediaciones.

A esto se suma el estado de los hospitales, que ya empezaban a colapsarse por los contagios de Covid19 y que se han visto desbordados para atender a heridos de esta explosión.

Una sociedad hecha a la lucha

Líbano estaba viviendo una de las crisis económicas más complicadas de su historia.

Tras la Guerra Civil, que concluyó en 1990, el país tuvo que volver a ponerse en pie. Sin embargo, con más del 25% de la población en paro, la tercera deuda más alta del mundo o un Banco Central que, con el beneplácito o inacción del gobierno, estaba llevando un esquema financiero piramidal (lo que se denomina Ponzi y podría definirse como fraudulento ya que abonar a los inversores actuales los intereses obtenidos del dinero de nuevos inversores).

Desde otoño, cuando hubo nueva presión en las calles ante la subida de impuestos al tabaco, gasolina e incluso las llamadas de Whatsapp que buscaban ingresos para un estado que no tiene dinero suficiente, la sociedad ya estaba con protestas por todo el país en una escalada que tuvo su punto álgido cuando en abril dispararon las autoridades contra un manifestante.

A esto se ha sumado, tanto en lo económico como en lo social, la pandemia, con consecuencias desastrosas en el ámbito económico y, sobre todo social por un país regentado por la corrupción en todos los estamentos.

Y, para rematar, se agrava la crisis con una explosión de algo que no debía estar ahí y que lastrará las importaciones de alimentos y el poco comercio internacional que conseguían exportar. Una situación que no es extraño haya vuelto a poner a toda su población, en la calle.

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