Una expedición de personas con discapacidad corona las montañas más altas andaluzas

– Daniel Hurtado perdió la vista hace cinco años

– La expedición está formada por 16 personas con discapacidad y sin experiencia en la montaña

MADRID, 19 (SERVIMEDIA)

Daniel Hurtado es un granadino de 34 años que se quedó ciego hace cinco tras sufrir dos infartos cerebrales. Desde entonces su vida se ha convertido en una prueba constante de superación. Su último reto superado ha sido coronar, junto a otras 15 personas con discapacidad, las montañas más altas de Andalucía.

El proyecto ‘8 Cimas’ se forjó hace cuatro años en un congreso de la Escuela de Pacientes de la Escuela Andaluza de Salud Pública en Granada. Su coordinador, Antonio Hermoso, portavoz de la Plataforma de Asociaciones de Pacientes de Andalucía, es un amante de la montaña y decidió hacer una especie de casting para formar el equipo. «Entrevisté a unas 23 personas y de ahí salió un grupo de 16, entre ellas Dani que es ciego», explica en una entrevista a Servimedia.

De este modo, se creó un grupo compuesto por personas «que no fueran montañeros y que tuvieran una discapacidad, una patología crónica o estuvieran haciendo algún tipo de rehabilitación en la Federación Granadina de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (Fregadi)», indica el responsable de la expedición.

El gran desafío de esta aventura ha sido cohesionar a un equipo muy heterogéneo y lograr que ascendiera montaña arriba al mismo paso. Estos senderistas noveles han conquistado desde la cima más baja, el Pico Bonales y sus 1.055 metros hasta el punto más alto de la región, el Mulhacén y sus míticos 3.479 metros.

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«Estamos hablando de personas con discapacidades diferentes, con distintas dificultades, pero teníamos muy claro que el ritmo del grupo siempre iba a adaptarse al de aquella persona que fuera más lenta», subraya Hermoso. Entre los participantes hay, por ejemplo, personas con párkinson, fibromialgia, cáncer de colon, de mama, esclerosis múltiple, trasplante de riñón y de hígado, con trastorno bipolar o una persona ciega, Dani.

APOYO COLECTIVO

Concebir el grupo como una sola entidad ha sido una de las mayores satisfacciones que se lleva Dani de esta experiencia. «Más que compañeros somos una gran familia porque son personas en las que te puedes apoyar y sabes que puedes alcanzar cualquier cosa que te propongas», confiesa el granadino a Servimedia.

No en vano, este joven de 34 años se sometió a un proceso de rehabilitación muy intenso con entrenamientos de ocho a diez horas diarias durante tres años, que ahora se han quedado en dos horas y media cinco días a la semana en el gimnasio para seguir recuperando fuerza.

Para poder acometer el reto de las ocho cimas los organizadores contactaron con los técnicos de la ONCE de Granada que les facilitaron una barra de titanio que debía guiar los pasos de Dani en la montaña y les enseñaron a manejar la pértiga. «Es muy gratificante ver que cada uno por separado no lo habríamos logrado, pero, entre todos, apoyándonos unos con los otros, hemos sido capacidades de lograr el reto, ha sido el grupo, la unión lo que ha hecho la fuerza», explica.

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Reconoce que al principio «fue todo prueba y error». «Nos tropezábamos y nos levantábamos y así poco a poco acabamos aprendiendo», asegura Dani. «Los límites los pone tu cabeza. Mientras tu tengas fuerzas, tu cuerpo tira para adelante». «Hemos demostrado que podemos hacer este reto pese a tener una discapacidad, que se puede, con más dificultad, pero podemos lograrlo», asiente con orgullo.

El proyecto ‘8 Cimas’ ha contado con la colaboración de la ONCE, ILUNION y otras 13 entidades sociales. Ahora inicia un nuevo sendero, en forma de documental, para llegar al gran público con su mensaje: «Si se quiere, se puede». Esta frase se ha convertido en un lema para los miembros de esta gran familia de la montaña.

Antonio relata que realizaron hasta «nueve salidas por Granada antes de la primera ruta oficial». «Nada más verlos juntos el primer día me di cuenta de que iban a encajar perfectamente como grupo», reconoce hoy. «La gente le puso muchas ganas y creo que toda esa ilusión al final se tradujo en el éxito del proyecto».

El senderismo quedó relegado a un segundo plano y la montaña dejó de ser el objetivo. «No ha habido ni un mal gesto ni una discusión porque todos eran conscientes de que era un reto muy importante tanto a nivel individual como de grupo. No se trataba sólo de hacer senderismo, se trataba de hacer convivencia», asevera Antonio. «De hecho, compartimos muchas noches de hotel, muchos restaurantes y eso ha sido muy importante, el sentimiento de grupo, el saber que todos nos podíamos apoyar en todos».

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El coordinador del grupo relata que al final todos aprendieron a utilizar la pértiga. «En cada salida nos turnábamos para llevar a Dani. Antes me resultaba imposible pensar que una persona ciega lo hiciera y lo ha hecho, porque cuando quieres puedes, es algo digno por su parte ese esfuerzo», asevera con orgullo.

El granadino ha regresado de la montaña transformado y deseando volver a ella. El grupo, que se ve al menos una vez al mes para hacer sus rutas de senderismo, planea un nuevo reto: la subida al Teide, el pico más alto de España, con 3.715 metros. Y es que la vida de Dani está llena de desafíos. Acaba de incorporarse a su nuevo empleo como, él mismo lo define, de ‘repartidor de ilusiones’ como vendedor de la ONCE.

«Ayudo a la gente a olvidarse de sus problemas, de su vida cotidiana y les ofrezco la posibilidad de soñar y de romper con la monotonía», confiesa Dani. «Yo no vendo cupones, vendo ilusiones». Las mismas con las que se encara la vida. Desde que la enfermedad le robó la vista, no ha perdido ni un ápice de entusiasmo. Cada día es una cima por coronar.